Desde estos tiempos nuestra tierra comienza a
sufrir la devastadora mano del hombre centrada en la producción de ganado
extensivo, la tala indiscriminada para hacer pasturas, en su mayoría, como
también otras plantaciones como la
Quina, plátano y yuca fue
retirando aquel espeso colchón verde por enormes claros de suelo descubierto…
Y todo se debe a
que el estado nunca tomo en cuenta el
impacto ambiental,
Ahora se escucha
hablar de la tecnificación de las ganaderías, pero en opinión ya es tarde, ya
no se puede tapar el sol con un dedo.
También a esto
se le suman otros factores como el del narcotráfico
que ha ocasionado grandes talas de bosque por la plantación de la hoja de coca, y para
sobremesa el estado a implementado otra devastadora forma de luchar con este
fenómeno, las atroces fumigaciones áreas
con glifosato un poderoso herbicida que no solo mata estas plantas sino que
aniquila con toda la vegetación a su paso.
El otro factor
es la explotación minera una de las más controvertidas y motivo de masivas marchas campesinas, por tratar de frenar el
hambre voraz de unas multinacionales que se llevan la sangre de la tierra (Dijo
un campesino de san Vicente del Caguan) y es que cuando le extraen el petróleo
a la tierra el agua por arte de magia
desaparece, las temperaturas suben, y la tierra comienza a tener una
presentación árida como si se diera una metamorfosis para ya convertirse en el
próximo desierto del mundo.
Para terminar nos queda el compromiso de salvar nuestro planeta, nuestra región decae en cada uno de nosotros, en formular una vida sostenible y armónica con lo poco que queda de la biodiversidad de nuestro Caquetá, y así de esta manera podamos volver a pescar de noche en un gran rio un gran pez y no en una desértica cloaca una enorme lata como lo dice en su libro el célebre colono y escritor caqueteño Pedro Almario.
Realizado por Edward Andres Adaime Muñoz
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